08 Febrero, Domingo. 5ª Semana del Tiempo Ordinario.
08 Febrero, Domingo. 5ª Semana del Tiempo Ordinario. Leccionario
Dominical A - Salt. 1ª semana.
Primera lectura
Surgirá
tu luz como la aurora
Lectura del libro de Isaías 58, 7-10
Esto dice el Señor:
«Parte tu pan con el hambriento,
hospeda a los pobres sin techo,
cubre a quien ves desnudo
y no te desentiendas de los tuyos.
Entonces surgirá tu luz como la aurora,
enseguida se curarán tus heridas,
ante ti marchará la justicia,
detrás de ti la gloria del Señor.
Entonces clamarás al Señor y te responderá;
pedirás ayuda y te dirá: “Aquí estoy”.
Cuando alejes de ti la opresión,
el dedo acusador y la calumnia,
cuando ofrezcas al hambriento de lo tuyo
y sacies al alma afligida,
brillará tu luz en las tinieblas,
tu oscuridad como el mediodía». Palabra de Dios.
Salmo 111, 4-5. 6-7. 8a y 9
R. El
justo brilla en las tinieblas como una luz.
V. En las tinieblas brilla como una luz
el que es justo, clemente y compasivo.
Dichoso el que se apiada y presta,
y administra rectamente sus asuntos. R.
V. Porque jamás vacilará.
El recuerdo del justo será perpetuo.
No temerá las malas noticias,
su corazón está firme en el Señor. R.
V. Su corazón está seguro, sin temor.
Reparte limosna a los pobres;
su caridad dura por siempre
y alzará la frente con dignidad. R.
Segunda lectura
Les
anuncié el misterio de Cristo crucificado
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios
2, 1-5
Yo mismo, hermanos, cuando vine a ustedes a
anunciarles el misterio de Dios, no lo hice con sublime elocuencia o sabiduría,
pues nunca entre ustedes me precié de saber cosa alguna, sino a Jesucristo, y
este crucificado.
También yo me presenté a ustedes débil y temblando de miedo; mi palabra y mi
predicación no fue con persuasiva sabiduría humana, sino en la manifestación y
el poder del Espíritu, para que su fe no se apoye en la sabiduría de los
hombres, sino en el poder de Dios. Palabra de Dios.
Evangelio
Ustedes
son la luz del mundo
Lectura del santo Evangelio según san Mateo 5, 13-16
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Ustedes son la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la
salarán?
No sirve más que para tirarla y que la pise la gente.
Ustedes son la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto
de un monte.
Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para
ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa.
Brille así su luz ante los hombres, para que vean sus buenas obras y den gloria
a su Padre que está en los cielos». Palabra del Señor.
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