31 Mayo, Domingo en La Solemnidad de LA SANTÍSIMA TRINIDAD
31 Mayo, Domingo en La Solemnidad de LA SANTÍSIMA
TRINIDAD. Titular
de la Catedral de Zipaquirá. Patrona del Vicariato
Apostólico de Trinidad.
Primera lectura
Señor, Señor, Dios compasivo y misericordioso
Lectura del libro del Éxodo 34,
4b-6. 8-9
En aquellos días, Moisés
madrugó y subió a la montaña del Sinaí, como le había mandado el Señor,
llevando en la mano las dos tablas de piedra.
El Señor bajó en la nube y se quedó con él allí, y Moisés pronunció el nombre
del Señor.
El Señor pasó ante él proclamando:
«Señor, Señor, Dios compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en
clemencia y lealtad».
Moisés al momento se inclinó y se postró en tierra.
Y le dijo:
«Si he obtenido tu favor, que mi Señor vaya con nosotros, aunque es un pueblo
de dura cerviz; perdona nuestras culpas y pecados y tómanos como heredad tuya».
Palabra de Dios.
Salmo Dan 3, 52a y c. 53a. 54a. 55a. 56a
R. ¡A
ti gloria y alabanza por los siglos!
V. Bendito eres, Señor, Dios de nuestros padres.
Bendito tu nombre, santo y glorioso. R.
V. Bendito eres en el templo de tu santa gloria. b
V. Bendito eres sobre el trono de tu reino. R.
V. Bendito eres tú, que sentado sobre querubines
sondeas los abismos. R.
V. Bendito eres en la bóveda del cielo. R.
Segunda lectura
La gracia de Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del
Espíritu Santo
Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios 13, 11-13
Hermanos, alégrense, trabajen por su perfección,
anímense; tengan un mismo sentir y vivan en paz. Y el Dios del amor y de la paz
estará con ustedes.
Salúdense mutuamente con el beso santo.
Los saludan todos los santos.
La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu
Santo estén siempre con todos ustedes. Palabra de Dios.
Evangelio
Dios envió a su Hijo para que el mundo se salve por él
Lectura del santo Evangelio según san Juan 3, 16-18
16 Tanto
amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él
no perezca, sino que tenga vida eterna.
17 Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al
mundo, sino para que el mundo se salve por él.
18 El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está
juzgado, porque no ha creído en el nombre del Unigénito de Dios. Palabra del
Señor.
Un mensaje para ti joven
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